Evangelio del día 04 de diciembre

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Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 21-24

En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
– “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.” Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron”

Palabra del Señor

Compartir la alegría del Espíritu

El Espíritu Santo se manifiesta de forma plena en las lecturas de hoy, en Isaías mencionando cuatro veces “espíritu de…”, y en el Evangelio, Jesús exulta lleno del Espíritu. Por eso a San Lucas se le llama también el evangelista del Espíritu.

Se trata de cultivar el espíritu de alabanza, desde un corazón abierto para ver y oír las maravillas de Dios. Para dejarnos llenar del Espíritu y de su alegría, necesitamos tiempo de silencio y de oración para integrar lo que fuimos, saborear lo que somos y soñar lo que seremos. Sin oración y silencio no hay sitio para el Espíritu. Esos son los pequeños, los sencillos, que abren su corazón al Espíritu, a la Palabra, los que no tienen más que a Dios; los que hacen de su propia historia, historia de salvación.

Conocer los misterios del Reino es algo sobrenatural y sólo se puede penetrar en ellos guiados por ese Espíritu que está derramado en nuestros corazones. Hay que dejarse, abandonarse, hacerse pequeños, sencillos, como un débil retoño que brota lleno de esperanzas.

¿Dejo actuar al Espíritu en mi vida?
¿Qué cosas hay en mi corazón que me impiden vivir en la sencillez?
¿Trato de vivir mis relaciones desde la justicia y la paz?

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