Evangelio del día 06 de diciembre

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,21.24-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

Palabra del Señor

Una casa sobre roca

Toda relación que se preste sana, ha de empezar a construirse sobre cimientos sólidos. Aquellas que emprendemos con nosotros mismos, con Dios y con los demás necesita de una casa construida sobre la solidez de buenos cimientos.

Nada puede mediar de interés egoísta cuando emprendemos un camino de relación. Nuestra relación con Dios no está al albor de cuanto nos concede sino del tiempo que dedicamos a la oración. Lo que conceda o no está en la libertad de Dios. La relación con uno mismo está al servicio del crecimiento personal. Se necesita escuchar todo cuanto nos sucede, lo que necesitamos y hacer una apuesta por el coraje de vivir. La relación con los demás necesita de una mirada sólida para identificar en mi camino de encuentro a quién tengo delante, cuáles son sus necesidades, con qué se identifica, cuál es su amor y su razón de vivir, y cuál es la esperanza a la que se siente llamado.

Construir sobre roca, como dice Jesús en el Evangelio identifica a la persona prudente. Y la prudencia se basa en la escucha, por un lado, y en la obediencia por otro. La obediencia debida a Dios para cumplir su voluntad, la obediencia debida a los hermanos para comprender sus necesidades, y la obediencia debida a nosotros mismos para comprender qué es lo que nos sucede.

Pidamos a Dios que en este tiempo de espera estemos atentos a las necesidades de los demás, sepamos mirar e identificar lo que oprime a mis hermanos, y emprender un camino juntos hacia la liberación que Dios nos propone en su hijo Jesucristo, el esperado por los pueblos.

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