Evangelio del día 08 de noviembre

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Lectura del santo evangelio según san Lucas 15,1-10

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle.
Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.” Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.” Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

Palabra del Señor

Reflexión

Ese acoge a los pecadores y come con ellos

Teóricamente nos gusta este pasaje evangélico y todos los demás en los que nos habla de la actitud permanente de Jesús de acoger y perdonar a los pecadores con los que se encontraba. Algo que fue criticado, de manera continua, por los fariseos y letrados, las autoridades religiosas de entonces: “Este acoge a los pecadores y come con ellos”. Sabemos que esta actitud de Jesús hacia los pecadores no fue la de un día que se sentía especialmente tocado por sus entrañas de misericordia. No fue la actitud de un día, sino su actitud continua y se lo explica por activa y pasiva a sus interlocutores. Hoy les recuerda  lo de las noventa y nueve ovejas y la descarriada, lo de las diez monedas y una de ellas perdida… otros días les trae a la memoria lo de la mujer adúltera, lo del médico que viene a sanar a los enfermos, lo de que prefiere la misericordia al sacrificio, lo del perdón a Pedro, a Zaqueo, a María Magdalena… La actitud permanente de Jesús ante los pecadores fue la de ofrecerles, la de ofrecernos, su mano tendida y perdonadora.

Para que hoy no nos quedemos en enfadarnos y criticar a los “fariseos y letrados”, tenemos que preguntarnos si vivimos la actitud de Jesús acogiendo a los pecadores, a los que no piensan igual que nosotros, a los distintos, a todos nuestros hermanos, o damos también nosotros la espalda a Jesús.

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