Evangelio del día 10 de diciembre

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,17-26

Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar. Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús.
Él, viendo la fe que tenían, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados.»
Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar: «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»
Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó: «¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir “tus pecados quedan perdonados”, o decir “levántate y anda”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados… –dijo al paralítico–: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.»
Él, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios.
Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor: «Hoy hemos visto cosas admirables.»

Tus pecados están perdonados…, toma tu camilla y vete a tu casa

Es admirable cómo ‘unos hombres’ manifiestan su fe en el Maestro Jesús y cómo eliminan todas las barreras para poner al enfermo frente al dador de la salud y la vida. La reacción de Jesús ante esta osadía confiada es un hermoso ejemplo práctico de humanidad redimida. Perdona los pecados del paralítico y restaura su discapacidad física; recupera al hombre en su total condición, alma y cuerpo, y, de paso, nos recuerda a la comunidad creyente que todo aquello que hace sufrir a la persona, también todo daño que hunde su raíz en nuestro pecado, todo lo que de una u otra forma nos deshumaniza… es tarea prioritaria a atender desde el servicio de la fe, desde la predicación del evangelio, desde la construcción del Reino. Es una declaración teológica y pastoral de obligado cumplimiento la que nos presenta este texto evangélico. Cierto que solo Dios perdona los pecados, que solo Él es nuestra fuerza y salvación, y Jesús de Nazaret bien que lo acredita entre nosotros; pero, por lo mismo, los que nos decimos sus seguidores tenemos que afinar nuestra sensibilidad ante todo el dolor de nuestro mundo, sea de la condición que fuese, y encararlo, acompañarlo y humanizarlo. No tenemos otra opción.