Evangelio del día 10 de noviembre

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Lectura del santo evangelio según san Lucas 16,9-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»
Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él.
Jesús les dijo: «Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta.»

Palabra del Señor

Reflexión

Compartir lo que tenemos

El Señor Jesús, en el texto evangélico de hoy, nos pone en guardia sobre el dinero y los bienes de esta tierra. Son pequeñas frases que invitan a tomar la opción que supone una decisión radical, una tensión interior constante.

Porque la vida es siempre una constante opción entre fidelidad e infidelidad, entre egoísmo y solidaridad, entre bien y mal, es necesario que tomemos una decisión fundamental, para elegir entre Dios y el dinero.

Es decir nos vemos obligados elegir entre la lógica del lucro, como criterio último de nuestro quehacer, y la lógica del compartir, viviendo solidariamente. Si optamos por esta última lógica orientaremos nuestra vida hacia la fraternidad, estableciendo con ello en nuestra sociedad la lógica de la caridad, del compartir el desarrollo equitativo de todos los bienes entre todos los hombres.

En el fondo, se trata de optar por el egoísmo, o por el amor, por la justicia o por  la injusticia. Para nosotros, seguidores de Cristo, se trata de amarle a Él y a los hermanos haciendo de ello la finalidad verdadera y última de toda nuestra vida.

Para hacerlo realidad es necesario hacer opciones fundamentales, estando dispuestos a renuncias radicales. Porque hoy, como ayer, nuestra vida de cristianos nos exige valentía para ir contra corriente, para amar como Jesús, que llegó al sacrificio de sí mismo en la cruz, dándonos con su vida, muerte y resurrección la vida eterna.

Sabemos que la única manera de hacer que fructifiquen, para la eternidad, nuestras cualidades y capacidades personales, así como las riquezas que poseemos, es compartirlas con nuestros hermanos, siendo de este modo buenos administradores de lo que Dios nos encomienda.

Recordemos que Santa Teresita decía: «La Fidelidad es la flor del amor y para la cual nada es pequeño.» Porque en el amor no hay mucho ni poco, o se ama o no se ama.

Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos ayude a usar con sabiduría evangélica, es decir, con generosa solidaridad, los bienes terrenos.