Evangelio del día 12 de diciembre

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,28-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Venid a mí

El texto del evangelio de hoy es propio de Mateo, por lo que  no lo encontramos en ningún otro evangelista. Estos tres versículos, cargados de significatividad, constituyen una invitación de Jesús a aquellos que están cansados y agobiados a través de tres imperativos: “Venid a mi” (Ecl 24,19; 51,23), “tomad mi yugo” (Ecl 6,24-25;51, 26) y “aprended de mí”.

Al leer el texto, uno no puede menos que preguntarse algo aparentemente contradictorio: ¿cómo puede encontrarse descanso cargando con un yugo? Jesús mismo intuyendo la cuestión, responde a la pregunta: “porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. Sin embargo, para entender la verdadera dimensión de las palabras del Maestro, hemos de recurrir al significado del yugo, tanto en el Antiguo Testamento, como  en la vida cotidiana.

En cuanto a los textos veterotestamentarios, el yugo tiene un carácter simbólico. En el libro del Eclesiástico se nos habla del yugo como la instrucción, como la misma Torá: “Someted vuestro cuello a su yugo y recibid instrucción: está ahí, a vuestro alcance” (51,26). Por otro lado, quienes viven en ambiente rural, pueden fácilmente identificar el yugo con un objeto de madera que unce a dos animales iguales. Con él se les obliga a ambos a compartir el peso de la carga que soportan, a la vez que a caminar entrelazados al mismo ritmo.

Jesus al hablar de su yugo, está hablando de su propia enseñanza, de la interpretación que El mismo hace de la Torá. Él no ha venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento (Mt 5,17);  pero mientras la interpretación que hacen los fariseos “es una carga  pesada” (Mt 23,4), la interpretación que hace Jesús da descanso y expansiona el alma. Además mientras “los fariseos no llevan la carga” (Mt 23,4), no son coherentes, “dicen pero no hacen”, Jesús “comparte la carga” con su discípulo, caminando al mismo ritmo que él.  Es coherente, es el primero en llevarla a la práctica, en hacerla vida: “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”

El mensaje de Jesús, la vida que nos propone, a pesar de ser una vida de entrega, de dar-se, de des-vivirse,  es una vida de “descanso”. El proyecto del Reino nos conduce a los territorios más esenciales del ser humano: profundidad e interioridad donde nos encontrarnos con nosotros mismos, relaciones interpersonales que construyen un mundo más fraterno y más justo, búsqueda del Dios de la vida.  El “descanso” aparece cuando recorremos los caminos de nuestra propia humanidad sin salirnos de ella. En medio de este mundo de ritmo tan vertiginoso, no solo por el trabajo sino por el exceso de actividades, relaciones, información, nuestro cansancio nace de la saturación. Necesitamos “ordenar” nuestra vida, cuidar lo esencial y poner en segundo plano lo demás; darnos tiempo de silencio y sosiego para que la vida se pose y nos permita convertirla en experiencia, que no es ni más ni menos que la vida reflexionada.