Evangelio del día 14 de diciembre

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.” Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

Os tocamos la flauta y no bailasteis, cantamos lamentos y no llorasteis

El evangelista Mateo en estos capítulos relata las enseñanzas del Reino. Y la posición de partida es situar al personaje Jesús en medio de esa generación judía en relación con Juan el Bautista. Dos estilos de vida contrapuestos pero igualmente peligrosos. Uno ascético y mortificado, desprendido del mundo, que predica la conversión y la penitencia como forma de preparar el camino de Dios; otro, Jesús, cercano y vitalista, que predica la misericordia para los proscritos de la sociedad, que pone en tela de juicio el escrupuloso cumplimiento de la Ley sin espíritu. Ambos provocan la reacción del oyente, y exigen comprometer la vida en uno u otro sentido. Y ambos acusados como reos de perdición. Uno como endemoniado por predicar la conversión, el otro como “comilón y bebedor” amigo de publicanos y pecadores que reniega del orden establecido. Ambos merecedores y reos de condena a muerte conforme a las reglas deuteronómicas. Mateo critica a estos escribientes y sacerdotes que se oponen al plan de Dios. Juan es demasiado asceta, consagrado, exigente consigo mismo y con sus seguidores. Jesús es demasiado poco sacrificado, no parece suficientemente santo. Juan exige perfección, vida abnegada; Jesús derrocha el perdón, justifica la imperfección. Cualquier excusa es buena para no comprometerse con ninguna posición, para seguir un camino de cumplimiento relajado y anodino. Seguir el evangelio de Jesús no es tarea fácil. La gracia y la fidelidad de Dios, va dirigida a los pobres e insignificantes de su Pueblo, no a los resabiados y prepotentes que ponen todo en entredicho. Entender que el amor del Padre se dirige a los humildes y sencillos es procurarnos también nosotros un estilo de vida “gentil, humilde y paciente”, abundante en misericordia y portador de alegría y esperanza.

¿Vivimos el mensaje del evangelio con ilusión y comprometidos con el estilo de Jesús, pendientes de la voluntad del Padre que se cumple en el amor a los necesitados?

Pongamos toda nuestra vida en la presencia de Dios que siempre está a nuestro lado.