Evangelio del día 14 de marzo

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden! En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.»

Buscad y encontraréis

Jesús, en el Evangelio de Mateo, nos dice Pedid y se os dará, buscad y encontraréis. Si allí donde reside la maldad, en nosotros, es posible dar cosas buenas, entonces, mayor es la bondad de Dios Padre, que es donde reside la plena bondad.

Porque en esta vida no se puede renunciar a la búsqueda del sentido y el bien. No podemos renunciar por mucha crueldad que contemplemos a la búsqueda de la bondad, porque si así fuera, ¿es que hemos abandonado nuestra esperanza?

La oración de petición es una oración que está en disconformidad con la realidad que vivimos. Es la que nos pone en comunicación con nuestras auténticas necesidades. En la oración de petición hay que buscar la madurez de nuestras aspiraciones, en ella no podemos pedir sólo para cubrir nuestros egoísmos, en ocasiones infantiles, que nos conducen a dejar de orar y creer, cuando no son atendidas.

Hay una novela, “Sijor, el cómplice” (J.A. Solórozano) en la que se puede leer un pensamiento “el miedo y los lamentos son incompatibles con el amor”. La traigo a colación en estos momentos, porque me pregunto si hemos perdido la esperanza, y con ella el coraje de amar. ¡Cuánto nos lamentamos! Cuando los años se van cumpliendo, cuando los sueños dejan de latir, entonces hemos perdido la libertad de amar y su coraje para hacerlo. La experiencia de la vida nos ha vuelto cautos, temerosos, y el miedo a sufrir nos ha paralizado, ya sólo nos lamentamos de la realidad que vivimos. Por eso, es incompatible con el amor. Porque el amor requiere valentía y coraje, el esfuerzo por defender la vida, la fidelidad de confesar una fe, la lealtad para comprender al otro. El amor no puede quedar anquilosado en medio de nuestras frustraciones.

Para mantener o recuperar el coraje de amar, hay que llenarse nuevamente de sueños, llenarse de Dios, hay que sanear nuestras expectativas pueriles, y entrar en la madurez de la fe. La fe en un amor inconmovible, que no se amedrenta por la ausencia o por la enfermedad, la fe en un amor esperanzado, que se aleje de la meliflua poética del sin sentido, y se muestra con su impetuosa decisión y su esfuerzo de ánimo para caminar, vivir y amar. No podemos renunciar a buscar el coraje de amar, ni podemos renunciar al coraje de creer en el amor a pesar de la tribulación y el desencanto que podamos vivir; hemos de llenarnos de valor para seguir amando como Dios nos ama con su ternura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *