Evangelio del día 15 de marzo

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,20-26

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano imbécil, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama renegado, merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto”.

“Ama antes de querer ser amado”

Hermosas palabras las de Cristo, maravillosa enseñanza: si no estás a bien con tus hermanos ¿a qué vienes con ofrendas a Dios? Cuantas veces he reflexionado con este texto y cuantas veces me he dado cuenta de mi pequeñez. Una vez más, Cristo nos pone delante el espejo, en el que no queremos mirarnos, la cruda realidad cotidiana en la que vivimos. Somos muy dados a los golpes de pecho en público mientras nuestro corazón oculta rincones de rencor. Nuestra naturaleza es así: de cara a la gente nos presentamos con nuestras mejores galas mientras que en lo privado carecemos de luz. Y lo malo es que pretendemos hacer lo mismo con Dios: mucha ofrenda, mucha promesa, mucha penitencia pública (en estos días de Cuaresma más aún) pero a nuestro prójimo, que es nuestro hermano, lo tenemos en el rincón más oscuro. Y así no.

Cuando llega la Cuaresma se nos invita a la conversión ¿Y qué mejor conversión que reconciliarnos con aquellos con los que hemos sido injustos, con los que hemos discutido, con los que hemos dejado en la cuneta? De poco sirve a los ojos de Dios que quememos incienso y encendamos velas en su honor si en algún lugar hay alguien llorando por nuestra culpa.

Aprovechemos la Cuaresma para arreglar nuestras diferencias con el hermano como mejor manera de honrar a Dios. Vayamos al Sagrario y pongamos ante Él un corazón puro y nuestro amor al prójimo como mejor ofrenda.

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