Evangelio del día, 16 de mayo

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Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 11b-19

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: – «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»

No estamos solos en medio del mundo

Cristo le pide al Padre que nos guarde ahora que Él se va. Le ruega que nos proteja del mal, pero no que nos aísle… “No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal” Jesús nos quiere en medio del mundo, entre las gentes, en cualquier lugar y ámbito, pero es consciente de que el mal está ahí, que nos acecha y nos persigue, que intentará entorpecer nuestra misión. Pero antes de ir al Padre nos recuerda una vez más el arma, el instrumento que nos deja para trabajar por los demás: “Yo les he dado tu palabra…” Para más adelante recalcar: “Conságralos en la Verdad; tu Palabra es verdad”

Jesús nos ha dejado en las manos del Padre, nos ha encomendado a Él como su rebaño. No hay mayor garantía para nosotros de que podemos, y debemos, caminar por el mundo con la confianza más absoluta, sabiendo que no va a ser un camino de rosas, pero siendo conscientes de que tenemos los medios para luchar contra los peligros: El estudio, la meditación y la puesta en práctica de la Palabra. Eso nos hará unos con Cristo y con el Padre. Dios está con nosotros, no nos abandona, es el pastor abnegado que irá a por su oveja descarriada a poco que le miremos desde nuestra debilidad humana. La misión que se nos encomienda no es sencilla, nosotros solos seríamos incapaces de llevarla a cabo, pero estamos en las manos de Dios, y Dios es padre, es ternura, es auxilio y comprensión. Nadie como Él nos conoce y tenemos la certeza de que nunca nos abandonará.

El mundo no es sencillo, el mal acecha, nuestro mensaje puede ser incómodo, pero de la mano de Dios Padre, apoyados en Dios Hijo y con la inspiración de la Palabra por parte de Dios Espíritu Santo somos capaces de todo. La alegría del Evangelio saldrá por todos los poros de nuestra piel por muchas nubes que haya en el cielo y por muchas piedras que haya en nuestro camino.

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