Evangelio del día 16 de noviembre

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Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,26-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán.»
Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?»
Él contestó: «Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.»

Palabra del Señor

Reflexión

El que pretenda guardarse su vida la perderá

Este texto del evangelio de Lucas es conocido como pequeño apocalipsis, para distinguirlo de otro pasaje más amplio del mismo estilo en el capítulo 21. Se trata de la venida gloriosa del Hijo del Hombre que llegará sin avisar; los grandes eventos salvadores en la historia humana siempre nos han encontrado desprevenidos. Parece no entra nunca en nuestros cálculos el hecho de que nuestra salvación dependa ahora de la venida en poder del Hijo del Hombre. Y si no admitimos esta vivencia salvadora, amén de estar vitalmente despistados, nada tendrá valor y nada avalará nuestra salvación. Por eso el seguidor del Maestro debe vivir con la tensión de la conversión, esté o no próxima la venida del Señor: siempre dispuestos a dar cuenta de nuestra vida y servicios. Y esta actitud no se improvisa, es cierto, pero se mantiene la esperanza si hay empeño de seguir con fidelidad a Jesús de Nazaret. El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará, al mejor modo del grano de trigo que cae en tierra y da fruto. Excelente forma de estar siempre dispuestos.

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