Evangelio del día 27 de febrero

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,38-40

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.»
Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.»

El que no está contra nosotros, está a favor nuestro

En el Evangelio de hoy, Jesús, de forma pedagógica nos muestra algunas actitudes, que se nos pueden colar en la misión de cada día: la tendencia, a veces, a querer monopolizar las “buenas acciones”; el pensar que nosotros hacemos las cosas mejor que los demás; creer que otros grupos o personas no tienen nada que enseñarnos y nosotros nada que aprender; pensar que el hecho de pertenecer a un determinado grupo nos da la garantía de poseer la verdad, aun siendo conscientes de cuántas tonterías y barbaridades a veces hacemos y justificamos en nombre del Evangelio.

El texto nos ofrece claves de discernimiento a la hora de juzgar y valorar tantas acciones buenas que se realizan en nuestro mundo, sin siglas de partidos o grupos, sin etiquetas; o al menos sin la nuestra.

Porque al final ¿De qué se trata la misión? ¿Qué fue lo importante para Jesús? Desde luego, su centro fue hacer posible la mesa del Reino, la experiencia de la fraternidad universal como experiencia de comunión en torno a la mesa compartida: mesa de la igualdad, de la justicia, de la amistad, de la reconciliación. La Iglesia, las instituciones religiosas, no existen para ellas mismas. Su objetivo no es perdurar en el tiempo, sino colaborar en el proyecto de Jesús, del cual nadie puede apropiarse.

Todo exclusivismo y particularismos no dejan de ser un antitestimonio y desfiguración del Evangelio que nos convoca siempre al encuentro.

Por eso, más que buscar lo que nos separa, Jesús nos invita hoy a buscar los lugares comunes que posibilitan la comunión: y hacer el bien, es el lugar común de encuentro para la humanidad, ya que todos, creados a imagen y semejanza del Dios amor, llevamos inscrito en nuestro interior, la capacidad de bien. ¡Alegrémonos entonces con ello, venga de donde venga!

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