Evangelio del día 28 de marzo

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud Se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: – «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. El, leyendo sus pensamientos, les dijo: – «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

El Reino de Dios ha llegado a vosotros

Lucas nos dibuja un escenario de tensión. Se señala en el Evangelio de hoy que muchos creían que los signos milagrosos que Jesús mostraba eran obra del demonio.  Y le pedían signos en el cielo.

Pero Jesús les hace ver que todo reino dividido o en guerra civil es un reino abocado a la ruina, al derrumbe de sus casas y fortalezas, lo que les protege y los que les habita es un sinsentido porque es un reino que se autodestruye a sí mismo.

Sin embargo, si sus signos lo sostienen la mano de Dios significa que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. Es algo presente, una realidad que se puede palpar y comprender.

Jesús no cae en la tentación de mostrar signos en el cielo. Al contrario, se pone como punto de inflexión y mediación entre Dios y los hombres: “El que no está conmigo, está contra mí, el que no recoge conmigo desparrama”.

Esta frase que muchas personas se arrogan, como si fueran dioses en sus trabajos y responsabilidades, no significa un buscar adeptos dóciles para mi causa. Es por encima de todo el punto al que ha de llegar un compromiso en la fe en Aquél que me sostiene. Es la garantía necesaria de que tu vida es un relato que Dios pronuncia con tu historia. Pero no caben medias tintas, esas sólo vuelven borroso los caminos que conducen a Dios.

Muchos signos en nuestra vida son los que nos hablan de Dios, que nos sugieren su presencia, cuando hay manos y miradas que te envuelven en su ternura, cuando hay corazones compasivos que te levantan de tu dolor, cuando hay voluntades que trabajan por la paz y la justicia, cuando la vida se traduce en la caridad desprendida que dona momentos de fraterna acogida, cuando el pobre es levantado en su dignidad y el enfermo consolado en su soledad, cuando el anciano es acompañado por rostros serenos que esperan algo de la vida. Estos son los momentos del Reino presente, los momentos de Dios que habita en nosotros, los momentos creadores de una esperanza infinita.

Oremos para que la presencia de Dios nos transforme cada día en aquellos que recogen con Jesús la vida que Dios nos proporciona, que nos asemeja a lo divino, y que nos prepara una esperanza sin límites.

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