Evangelio del día 7 de marzo

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»

Quien pierda la vida por mi causa se salvará

A veces nos conviene la imagen de un Dios todopoderoso; ya que, con dicha imagen, todo el poder, toda la fuerza, y todo el quehacer se lo ponemos a Dios desentendiéndonos, por tanto, de todo cuanto nosotros podamos hacer, decir o realizar.

Sin embargo, qué ocurre cuando Dios no se manifiesta como esperamos. Ese Dios no cumple con mis expectativas. Queremos obligar a ese Dios que sea como nosotros esperamos. Por lo general, cuando Dios no se manifiesta según nuestras expectativas nos alejamos, le increpamos, o lo queremos cambiar como a cualquier persona o cosa

En el Evangelio de Lucas, que la liturgia de hoy nos propone, Jesús anuncia a sus discípulos que va a padecer mucho y va a ser desechado. Es decir: excluido, reprobado, desestimado, menospreciado. Nada se quiere de ese Jesús que anuncia la salvación, la misericordia y la ternura de Dios. No es el Mesías esperado. Al Mesías se le espera poderoso, guerrero, vengador de las injusticias.

Sin embargo, esa es la suerte del Mesías, y así ha de ser la suerte de los que le acompañan. Así es como se presenta, y así es como nos advierte: si quieres seguirme: niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme. ¿Por qué pensamos que seguir a Cristo tiene como consecuencia que todos me han de amar o aceptar? ¿Por qué pensamos que seguir a Cristo es una vida de éxito? ¿Por qué creemos que cumpliendo nuestros sueños llegaremos a la felicidad? Recogiendo la pregunta del Evangelio: ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?

Jesús no era un pesimista, pero su vida, su ilusión y su esperanza estaban puesta en la voluntad de Dios y en su amor infinito. Era consciente de que por encima de todo padecimiento seguiría siendo amado por Dios Padre.

¿Qué significa ese “niégate a ti mismo”? Difícil de explicar. Pero lo primero que me viene a la mente es la palabra Renuncia. Implica la renuncia a los proyectos personales, a mi forma de ser y sentir la vida, implica la renuncia a los sueños y logros trabajados, significa el cambio de actitud. El acabamiento de todas mis pretensiones de felicidad y éxito. Implica ponerlo todo en manos de Dios, que Él sea el hacedor de mi vida, de mis pasos y mis decisiones sin que ello signifique ausencia de libertad. Al contrario, cuando elijo seguir a Cristo, estoy eligiendo libremente que Dios me moldee en el amor, pero el amor he de ejercerlo yo, con mi lenguaje, mis actitudes y con mis gestos comprometidos por la vida inspirada en Cristo.

Oremos juntos para que sepamos escoger la vida y el bien. Que toda renuncia que emprendamos, en nombre de Cristo, sea desde el convencimiento de que el amor de Dios nos sostiene en nuestra libertad.

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