La unión de religión y política no conviene a nadie: presidente de la Conferencia Episcopal

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La influencia de la Iglesia Católica en Colombia es innegable. A pesar de que la Constitución de 1991 dice que este es un país laico, la realidad es que la religión -sea cual sea su vertiente- sigue teniendo un importante papel en muchos sectores de la sociedad. No es sino mirar el reciente intento de  la senadora liberal Viviane Morales de acudir a la comunidad cristiana para impulsar el referendo contra la adopción gay.

De ahí la importancia de la labor que desempeñará monseñor Óscar Urbina, arzobispo metropolitano de Villavicencio,  elegido recientemente como presidente de la Conferencia Episcopal de ColombiaEl Espectador habló con él sobre los retos que enfrenta la Iglesia, la participación en política de los religiosos, la visita del papa Francisco, Venezuela y  la autorización del sumo Pontífice para la beatificación de los sacerdotes colombianos Jesús Emilio Jaramillo Monsalve y Pedro María Ramírez Ramos.

El mensaje de monseñor Urbina es claro: la principal tarea para el país es buscar la reconciliación.

¿Qué acciones marcarán su período como presidente de la CEC?

Al interior de la Iglesia, acoger el patrimonio espiritual que significa para nosotros la visita del papa Francisco e impulsar lo que él nos transmitirá en su visita sobre la vida y la familia; la reconciliación con Dios, los colombianos y la naturaleza; la vocación misionera de los cristianos, y todo el tema de los derechos humanos. Y segundo, el trabajo que tenemos de acompañar al país en la reconciliación. Si el conflicto duró casi 60 años, la reconciliación no es mágica ni se puede hacer en un solo día.

¿Qué retos afronta en la actualidad la Iglesia colombiana?

El mismo de todas las instituciones. Estamos en un cambio de época, que implica que todas las instituciones han entrado en crisis, empezando por la fundamental que es la familia. La Iglesia no está fuera de este mundo, sino que padece lo mismo que las demás instituciones. Esos elementos hacen que el desafío más grande sea la pluralidad, y nos desafía en el sentido en que los creyentes tienen que tener mucha solidez para enfrentarlo, pero también para comprender que estamos en un mundo plural, no en uno homogéneo.

Dice que la familia es una institución en crisis, ¿qué posturas tiene entonces frente a iniciativas como el referendo que buscó impulsar la senadora Viviane Morales?

Estamos en un mundo plural y las personas tienen derecho de hacer sus iniciativas. Pero la Iglesia es muy clara en su posición frente a la familia, sacada no de una invención, sino recibida por el evangelio que nos plantea el camino a seguir.

¿Y que opina respecto a la división entre religión y política?

La Iglesia es la única institución presente hasta en el último milímetro del país y así ayuda a la profundización en el conocimiento de la realidad, porque alcanzamos hasta la última vereda. Tenemos la posibilidad de llegar a todos y desde las periferias es preciso alimentar esa visión de la realidad, así podemos llegar a una participación más consciente y activa para que los ciudadanos se vuelvan veedores natos de lo que los candidatos que se han elegido cumplan lo que prometan. Pero otra cosa es la participación partidista. Ahí si no, porque es una unión que no le conviene a nadie.

¿No ve bien que los miembros de la Iglesia Católica participen en política?

No. Para la Iglesia es muy claro que esa es una tarea de los fieles laicos. Un sacerdote que se mete en política es como si les dijera a los fieles, que ellos son bobos, que “en país de ciegos, el tuerto es rey”. Esa no es nuestra tarea. Sería un insulto a los fieles.

¿Cuál será el papel de la Iglesia durante el posconflicto y el proceso de paz con el Eln?

La solución del conflicto tiene dos elementos: uno es la estrategia, lo que el Gobierno hizo durante estos años con las Farc y en este tiempo con el Eln. Esa estrategia que es política la hace el Estado. A la Iglesia le corresponde ponerle corazón a esa estrategia y nosotros desde el mensaje evangélico, desde los rituales de la Iglesia, desde las dinámicas pastorales, debemos acompañar a las víctimas. Ponerle corazón implica sanar las heridas que son grandes, acompañar a las víctimas e integrar a distintas fuerzas y organizaciones para llevar adelante un proceso de reconciliación que no es solo del Estado ni solo de la Iglesia, sino de todos.

A escasos dos meses de la visita del papa Francisco, ¿cómo avanzan los preparativos?

Bien. Recibimos con gran alegría ese anuncio y nos integramos, porque seremos los responsables de este acontecimiento único. Estamos trabajando unidos y las personas, especialmente de la Iglesia Católica, nos estamos preparando espiritualmente. Pero también he encontrado mucha resonancia en no creyentes, a su manera se preparan para que este acontecimiento sea un momento de gracia y de proyección. El papa dará sin duda un mensaje sobre la reconciliación con Dios, con los colombianos y con la naturaleza.

¿Hay riesgo de que, con la polarización que hay en el país, se politice la llegada del papa a Colombia?

Uno no puede impedirlo todo, pero sí es muy claro que la visita del papa es, ante todo, pastoral. No se está exento de que unas palabras que él diga terminen como un slogan, pero el papa no apoyará a un lado o al otro. Él es un hombre de comunión, que busca que logremos concertar el horizonte de un país nuevo, fraterno, justo, entonces creo que en ese sentido trasciende. Y él siempre busca crear puentes entre las orillas para que nos encontremos.

La Conferencia Episcopal publicó una carta pidiendo que no se explote ni maltrate a los venezolanos que llegan a Colombia, ¿cuál es la posición de la Iglesia frente a la situación del vecino país?

Una parte muy importante es que apoyemos a los venezolanos que llegan. Aquí el tema es fundamentalmente de acogida, porque ellos están sufriendo mucho. Para nosotros es muy claro que se debe dar una autonomía de los poderes públicos allá y que se cumplan los acuerdos entre la oposición y el oficialismo. Nosotros anhelamos que eso se dé y luego, frente a la crisis misma que por ejemplo se vive por alimentos y medicina, hasta donde podamos, ayudemos.

¿Qué significa para la Iglesia colombiana el reciente anuncio de que monseñor Jesús Emilio Jaramillo y el padre Pedro María Ramírez sean considerados como mártires?

Es una gran alegría, porque estos dos mártires de la violencia son un signo, un llamamiento y un ejemplo para que los obispos tengamos una vida sencilla, del lado de los pobres, de los campesinos y que no perdamos esa herencia, manteniéndonos cercanos al pueblo que sufre. Sabemos que serán grandes intercesores por la paz y que son un estímulo para seguir trabajando por ella.

Fuente: El Espectador