Lectura del Santo Evangelio 15 de mayo del 2018

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Lectura del santo evangelio según San Juan 17, 1-11

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: – «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Testigo del Evangelio de la gracia de Jesús

Pablo deja a modo de testamento unas palabras a los presbíteros de la Iglesia. Es un discurso de despedida, en el que dice que a él no le importa la vida, que no se la guarda para sí. Lo que le importa es completar su carrera y consumar el ministerio que recibió del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Jesús.

Porque la vida de un apóstol no es garantizar su vida, Pablo sabe que sufrirá penas y cárceles con su marcha a Jerusalén. No se hace responsable de la vida de todos, ni de su suerte. Por su parte él es consciente que ha anunciado enteramente el plan de Dios. Es consciente de podrá ser martirizado. De ahí que se despida de los suyos.

La vida de un Apóstol es predicar a Cristo y éste resucitado, anunciar, aunque con ello le cueste la vida, he ahí la prueba de fidelidad que Pablo muestra con su ímpetu apostólico. Y la referencia para todo predicador que se preste anunciar a Cristo.

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