Reseña Histórica

Desde los inicios de la conquista la Iglesia siempre ha estado presente en la vida de estas tierras: junto a los conquistadores y colonizadores siempre iban los curas doctrineros, pero solo hasta inicios del siglo XVI con la llegada de los padres Jesuitas se puede empezar a hablar de difusión del evangelio e influencia cristiana en la vida de estas gentes.

La labor de los padres de la Compañía de Jesús fue muy loable.  Aprendieron el dialecto interactuaron y formaron los indios en agricultura y ganadería generando así una organización económica que para entonces no existía, pero sin embargo esta labor no fue bien vista por algunos personajes insignes que consideraban perjudicaban sus propios intereses y fue así como lograron que en 1631 fueran expulsados los Jesuitas quedando a cargo de la misión los Dominicos y los padres Agustinos ermitaños hasta el año 1659 que regresaron y se establecieron en Tame y el Noreste de Casanare y allí permanecieron 108 años hasta que nuevamente fueron expulsados por el Rey Carlos III, acusados de no aceptar la autoridad del Rey.

Durante su última estadía, los padres misioneros organizaron 16 poblaciones o Reducciones en las que trabajaron con empeño y tenacidad con los guahibos, tunebos, ayricos y chiricoas donde promovieron la artesanía la educación y fundaron las célebres haciendas de los Llanos con el fin de subvenir los gastos del sostenimiento de los pueblos indígenas.  Cabe resaltar que para entonces el gobierno no invertía en estas regiones aisladas de la capital lo cual hacia más difícil el trabajo misionero y a todo esto se le debe sumar el hecho de las dificultades en cuanto a la interacción con los indios que de por si eran un grupo humano bastante difícil.

Si bien la labor y el sacrificio de los jesuitas fue inmenso, la labor de los Padres Agustinos fue mucho más significativa sobre todo por su incidencia educativa y evangelizadora.  Los Agustinos Recoletos llegaron a Casanare en 1622 con el ánimo de apoyar la misión evangelizadora en el sureste de la Región y se establecieron en Santiago de las Atalayas, situado al margen izquierdo del rio cuasina y cuyas ruinas hoy en día se pueden observar no lejos de la población de Aguazul en lo que se conoce como la montaña de los Farallones.